Purgatorio Navideño
Dicen que después de la tormenta viene la calma pero nunca especifican cuánto tiempo invertimos en que la calma se asiente de verdad. No salimos de una y ya estamos en otra, sin solución de continuidad. Soy una persona que no disfruta las Navidades. Me parece una época donde las personas están obligadas a soportarse pese a que no se pueden ni ver. Las familias se reúnen bajo la bandera blanca de una paz impuesta por los villancicos y el espíritu de bondad. Pero lo que subyace permanece intacto, esperando a que la banderita blanca deje de ondear. Y cuando encuentro familias que no han perdido aún ese espíritu que conocí en mi infancia, la marco en el mapa como un oasis en medio del desierto. Me estaré haciendo viejo. Eso seguro. La relativa cercanía que nos proporcionan los avances tecnológicos y las redes sociales han hecho de los reencuentros algo prácticamente del pasado. No nos echamos de menos sino de más y eso va en detrimento del sentimiento que se supone que impe...